Ciudad de México, 30 de abril de 2026 (Infórmate y +).- La Ciudad de México está bajo la lupa del espacio, y las noticias no son nada alentadoras. Recientes investigaciones de la NASA posicionaron a la capital del país como una de las urbes con mayor hundimiento del suelo en todo el mundo.
Gracias al satélite NISAR, una misión conjunta con la organización espacial de la India, se detectaron manchas azul oscuro en el mapa de la CDMX que indican un descenso del terreno superior a los 2 centímetros mensuales, un ritmo que pone en jaque la infraestructura de la zona metropolitana.
Este fenómeno no es una “vibe” pasajera, sino un problema crítico que afecta a más de 21 millones de personas. El análisis satelital, realizado con datos recopilados entre octubre de 2025 y enero de 2026, muestra que la ciudad literalmente se está compactando.
Los puntos donde el suelo cede con mayor fuerza son el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), el Ángel de la Independencia y el Lago de Chalco, zonas clave para la economía y movilidad del país.
“Ciudad de México es un punto crítico conocido en lo que respecta a hundimientos, e imágenes como esta son solo el comienzo para NISAR”, explicó David Bekaert, gerente del proyecto.
El científico aseguró que estas capacidades de detección únicas permitirán descubrir cómo otras ciudades del mundo enfrentan retos similares, aunque la situación de la capital mexicana destaca por su velocidad y los daños visibles en edificios emblemáticos.
Un ejemplo icónico de esta batalla contra el suelo es el Ángel de la Independencia. Para compensar el hundimiento gradual del terreno en Paseo de la Reforma, a la columna se le han tenido que añadir 14 escalones a lo largo de los años.
Según la NASA, la razón de este desastre geológico es el bombeo masivo de agua subterránea y el crecimiento urbano acelerado sobre lo que antes era el lecho seco del Lago de Texcoco. El suelo se compacta y la ciudad simplemente baja de nivel.
Este proceso ha progresado por más de un siglo —con registros desde 1925— y sus consecuencias ya son parte del paisaje urbano: fracturas en edificios, baches interminables y daños constantes en la red de agua potable.
Incluso el Metro de la CDMX, uno de los sistemas de transporte más grandes de América, sufre las consecuencias de estas deformaciones del terreno que obligan a realizar mantenimientos costosos y constantes.







