Cuernavaca, 27 de abril de 2026 (Infórmate y +).- En México, al menos 1.2 millones de niñas y niños de entre uno y cuatro años presentan niveles de intoxicación por plomo, lo que equivale al 15.8 por ciento de esta población, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) Continua 2022-2024.
Los resultados, publicados a finales de 2025, evidencian que el problema es más grave en el centro y sur del país. Estados como Puebla registran cifras alarmantes, donde cinco de cada 10 menores presentan plomo en la sangre, mientras que en San Luis Potosí y Tlaxcala la proporción es de cuatro de cada 10.
La investigadora del Instituto Nacional de Salud Pública, Martha María Téllez-Rojo Solís, advirtió que, al ampliar la estimación a otros grupos de edad, el número de personas afectadas podría ascender a 3.3 millones de menores y adolescentes en todo el país.
Además, señaló que aunque en el norte las cifras son menores, continúan siendo preocupantes. Un ejemplo es Nuevo León, donde un estudio reciente detectó que el 7.1 por ciento de estudiantes de centros infantiles presentaron niveles elevados de plomo, en concordancia con la Ensanut.
Esto pasa en Morelos
En Morelos, investigaciones iniciadas desde 2015 detectaron la presencia de plomo incluso desde el nacimiento. El análisis de cordones umbilicales reveló que el 15 por ciento de los recién nacidos en zonas urbanas presentaban intoxicación, cifra que aumentaba a 22 por ciento en comunidades indígenas y de alta marginación.
La especialista explicó que el plomo puede transmitirse de la madre al bebé durante el embarazo, afectando etapas clave del desarrollo, especialmente el sistema nervioso central.
Uno de los factores que agravan el impacto es la combinación de pobreza y desnutrición. En estos casos, el organismo infantil absorbe con mayor facilidad el plomo, ya que compite con nutrientes esenciales como el hierro, zinc y calcio.
Las principales fuentes de exposición varían por región. A nivel nacional, el 48 por ciento de los casos está relacionado con el uso de utensilios de barro vidriado con plomo, una práctica común en el centro y sur del país. Este material, al no alcanzar temperaturas adecuadas en hornos tradicionales, libera partículas tóxicas al entrar en contacto con alimentos, especialmente ácidos.
En contraste, en entidades del norte, como Nuevo León, la contaminación se asocia principalmente con actividades industriales, como el reciclaje de baterías.
Los efectos del plomo en la salud son graves y permanentes. En la infancia, afecta el desarrollo cognitivo, el lenguaje, la motricidad y la inteligencia. A largo plazo, se asocia con enfermedades cardiovasculares, daño neurológico, problemas reproductivos y deterioro cognitivo.
A pesar de que en 2019 se aprobó un programa nacional para prevenir la exposición al plomo, este no se implementó debido a la pandemia de covid-19 y hasta ahora no cuenta con recursos asignados.
Especialistas advierten que la intoxicación por plomo sigue siendo un problema de salud pública vigente en México, con impactos que pueden extenderse durante toda la vida.







