Morelos, 01 de marzo de 2026.– El chile no es solo un ingrediente esencial de la cocina mexicana: es un símbolo de identidad, memoria histórica y diversidad biocultural. Así lo exponen especialistas del Centro INAH Morelos en el suplemento cultural El Tlacuache, donde analizan su origen, domesticación y transformaciones contemporáneas.
El artículo, titulado El chile: historia, bioculturalidad, memoria y transformaciones contemporáneas, fue elaborado por la investigadora Arantxa Ortiz Rodríguez y el profesor investigador Eduardo Corona Martínez, actual presidente del Consejo de Paleontología del INAH.
Origen milenario en América
El chile pertenece al género Capsicum, originario de regiones tropicales y templadas del continente americano. Estudios científicos estiman que surgió hace entre 15 y 20 millones de años en la zona andina —actuales territorios de Perú, Ecuador y Colombia— y posteriormente se dispersó hacia la Amazonía, Brasil, Centroamérica y México.
La expansión natural se dio mediante factores climáticos y por aves que transportaban sus semillas. Más tarde, con la presencia humana, comenzó un proceso de manejo y domesticación que data de hace entre 6 mil y 8 mil años.
En el caso mesoamericano, el nombre “chile” proviene del náhuatl chilli. Civilizaciones como la mexica integraron el fruto a su alimentación cotidiana, rituales y sistemas de intercambio comercial.
De América al mundo
Tras la llegada de Cristóbal Colón a América, el chile fue llevado a Europa en 1493. Desde España se expandió rápidamente hacia África y Asia gracias a las rutas comerciales ibéricas, adaptándose con facilidad a distintos climas.
En el siglo XVI, el botánico alemán Leonhart Fuchs utilizó por primera vez el término científico Capsicum, posteriormente adoptado por Carlos Linneo en la nomenclatura moderna.
Diversidad y valor cultural
Actualmente se reconocen entre 35 y 42 especies de chile en el mundo, aunque cinco son las más cultivadas globalmente. En México destacan variedades como jalapeño, serrano, poblano y el chiltepín —considerado ancestro silvestre de muchas variedades actuales.
Más allá de su valor agrícola y económico, el chile articula prácticas tradicionales de cultivo, identidades regionales y memorias colectivas. Desde la salsa cotidiana hasta los platillos festivos, su presencia es constante en la vida social mexicana.
Riesgos contemporáneos
Especialistas advierten que este patrimonio biocultural enfrenta amenazas como la erosión genética, la homogeneización agrícola, el cambio climático y la pérdida de saberes tradicionales.
Por ello, subrayan la importancia de reconocer al chile no solo como producto comercial, sino como elemento central de la biodiversidad y la identidad cultural de México, particularmente en regiones como Morelos y la Cuenca del Balsas, donde continúan investigaciones paleobiológicas y bioculturales.








