Estados Unidos, 27 de marzo de 2026 (Infórmate y +)- Un grupo de científicos en Estados Unidos descubrió una molécula presente en las pitones que podría ayudar a regular el apetito en humanos, abriendo nuevas vías para el tratamiento de la obesidad.
El estudio, publicado en la revista Nature Metabolism, identificó el compuesto denominado para-tiramina-O-sulfato (pTOS), el cual aumenta significativamente en la sangre de estos reptiles después de alimentarse.
La investigación fue encabezada por especialistas de la Universidad de Colorado en Boulder, con colaboración de equipos de Stanford Medicine y la Universidad de Baylor.
¿Por qué estudiar a las pitones?
Las serpientes de la familia Pythonidae presentan un patrón alimenticio extremo: pueden pasar largos periodos sin comer y luego ingerir grandes cantidades de alimento sin sufrir daños en órganos vitales.
Este comportamiento llamó la atención de los científicos, quienes analizaron cómo su organismo regula procesos como el metabolismo, el crecimiento del corazón y la digestión tras cada comida.
Durante el estudio, observaron que tras alimentarse, los niveles de pTOS en las pitones aumentan hasta mil veces, enviando señales al cerebro que indican saciedad.
Cómo funciona la molécula
El proceso inicia con la tirosina, un aminoácido que las bacterias intestinales transforman en tiramina. Posteriormente, el hígado convierte esta sustancia en pTOS, que viaja al cerebro para reducir el apetito.
En humanos, este compuesto ya había sido detectado, pero no se conocía su función en la regulación del hambre.
A diferencia de tratamientos actuales basados en hormonas como el GLP-1 —utilizados en medicamentos para bajar de peso—, el pTOS podría representar una alternativa con menos efectos secundarios.
Resultados en laboratorio
En pruebas con ratones, los investigadores encontraron que aquellos que recibieron pTOS consumieron menos alimento y redujeron su peso corporal con el tiempo, sin cambios relevantes en su actividad física o niveles de glucosa.
Este hallazgo sugiere la existencia de un mecanismo natural que ayuda a generar saciedad después de comer, además de resaltar el papel de la microbiota intestinal en la comunicación entre el cuerpo y el cerebro.
Aún en fase experimental
Pese a los resultados prometedores, los especialistas subrayan que este compuesto aún no ha sido probado en humanos, por lo que su efectividad y seguridad siguen en estudio.
Además, su funcionamiento podría variar en personas con enfermedades como la diabetes tipo 2, donde los mecanismos naturales del apetito suelen estar alterados.







